
Brian Michael Bendis es uno de los guionistas más prolíficos y fiables con que cuenta Marvel, la mayor factoría de viñetas de superhéroes. Sus series “Ultimate Spiderman” y “Nuevos Vengadores” son muy apreciadas por los aficionados. Para mí, no deja de ser una puesta al día de los tópicos y estereotipos de este tipo de cómics, prefiero más su serie “Alias” y su etapa en “Daredevil”, en donde explota con gran acierto los lugares comunes al género negro, que quizá no sea su predilecto, pero al que le ha brindado su auténtico talento.
Nacidos en Cleveland, Bendis y Andreyko, conocían la historia de los horribles asesinatos que acontecieron en la ciudad a medianos de los años 30, justo cuando el alcalde contrataba como responsable de seguridad al insobornable Eliot Ness. Para la adaptación de la novela gráfica que nos ocupa, Bendis y Andreyko se documentaron profusamente, y si bien su reconstrucción de los hechos no pretende más que dotar de verosimilitud a una obra de ficción, al final, uno no puede dejar de interesarse por extraer los hechos reales.
Como solía hacer con sus obras iniciales, Bendis asume la parte gráfica, y si bien no estamos ante un gran dibujante, muestra una personalidad que le hace fácilmente distinguible. El empleo de grandes espacios vacíos, bocadillos encadenados sobre secuencias estáticas, páginas dobles y rupturas en el tradicional orden de lectura, puede ser discutible por propiciar cierta fusión, pero muestra una clara apuesta por la fuerza narrativa. El guión co-escrito con Andreyko es impecable, a cada escena álgida (inolvidables la presentación en sociedad de Ness, el interrogatorio del sospechoso, o el trepidante desenlace) le suceden magníficas transiciones, protagonizadas por la entrañable pareja de detectives que lleva el caso. La reproducción de documentos y fotografías incrementa más si cabe la tensión de encontrarnos frente a un asesino real, un descuartizador dispuesto a superar a Jack el Destripador.
“Torso” es un cómic que ni se puede abandonar ni se puede leer de un tirón. Te atrapa y te agobia. No es una pedante revisión histórica cargada de enrevesadas especulaciones, como pudo ser el ilegible “From Hell”, del, por otro lado, genial Alan Moore. Es la sutileza de una historia con varias capas, que está al servicio del entretenimiento más gratificante.