
“La música me libera de muchos sufrimientos que me atormentan”. Así lo declaraba Roger Hodgson, en una reciente entrevista. Y así se percibía, no sólo en sus composiciones para Supertramp, con melodías que invitaban a la melancolía, sino en su doliente voz, en sus lamentos y en la rabia que transmitía interpretando lo que acabaría siendo una notable colección de canciones, hits en su mayoría.
Roger no tuvo una infancia feliz, al ser recluido en un internado, y fue su talento para la música lo que le permitió canalizar sus frustraciones. Al escuchar de nuevo la célebre “Logical Song”, en donde recuerda su etapa escolar (“entonces me envían lejos para enseñarme…y me demostraron un mundo donde podría ser… clínico, intelectual, cínico…aceptable, respetable, presentable… ¡por favor, por favor, me dirás qué hemos aprendido! Sé que suena absurdo, pero por favor, ¡decidme lo que sea!...¡Decidme quién soy yo!”), revivo parte de la mía (los que hayan seguido este blog desde el principio, encontrarán ciertos paralelismos en los “Días de Escuela”, de Asfalto) Me viene a la cabeza el profesor de inglés que nos introduzco a Supertramp, y que recuerdo como un cruce entre el propio Hodgson y el excéntrico saxofonista de la banda, John Helliwell.
Veo a Hodgson, con cincuenta y ocho años, muy satisfecho. El bello claustro de la Iglesia de Santo Domingo, en Pollença (Mallorca) está abarrotado por el público de la 47ª edición de su festival de música clásica. Le escuchan guardando un respetuoso silencio, más propio de un recital de lírica que de un concierto de pop-rock. Sin embargo, el entusiasmo se desata nada más concluir cada canción. Hodgson, complacido, desgrana la banda sonora de parte de las vidas de los asistentes, bien a la guitarra acústica de doce reverberantes cuerdas, bien al piano o al sintetizador, así suenan “Dreamer”, “Breakfast en America”, “Gimme a litle bit”, “It´s raining again”,… y tantas otras (sobre todo, del “Crime of the Century”, su mejor disco, aunque no el de mayor éxito) Le acompaña su amigo multiinstrumentista, Aaron MacDonald, y en la simplicidad del dúo, los temas suenan realmente bien (sin desmerecer a la base rítmica –Siebenberg y Thompson-, la música de Supertramp se sustentaba sobre cuerda y viento)
Pero noto un cambio notable. Roger ya no gimotea al cantar. Es más, sonríe abiertamente. Se le ve agradecido a la vida, a su familia, al público, y sobre todo, a la música.
Roger no tuvo una infancia feliz, al ser recluido en un internado, y fue su talento para la música lo que le permitió canalizar sus frustraciones. Al escuchar de nuevo la célebre “Logical Song”, en donde recuerda su etapa escolar (“entonces me envían lejos para enseñarme…y me demostraron un mundo donde podría ser… clínico, intelectual, cínico…aceptable, respetable, presentable… ¡por favor, por favor, me dirás qué hemos aprendido! Sé que suena absurdo, pero por favor, ¡decidme lo que sea!...¡Decidme quién soy yo!”), revivo parte de la mía (los que hayan seguido este blog desde el principio, encontrarán ciertos paralelismos en los “Días de Escuela”, de Asfalto) Me viene a la cabeza el profesor de inglés que nos introduzco a Supertramp, y que recuerdo como un cruce entre el propio Hodgson y el excéntrico saxofonista de la banda, John Helliwell.
Veo a Hodgson, con cincuenta y ocho años, muy satisfecho. El bello claustro de la Iglesia de Santo Domingo, en Pollença (Mallorca) está abarrotado por el público de la 47ª edición de su festival de música clásica. Le escuchan guardando un respetuoso silencio, más propio de un recital de lírica que de un concierto de pop-rock. Sin embargo, el entusiasmo se desata nada más concluir cada canción. Hodgson, complacido, desgrana la banda sonora de parte de las vidas de los asistentes, bien a la guitarra acústica de doce reverberantes cuerdas, bien al piano o al sintetizador, así suenan “Dreamer”, “Breakfast en America”, “Gimme a litle bit”, “It´s raining again”,… y tantas otras (sobre todo, del “Crime of the Century”, su mejor disco, aunque no el de mayor éxito) Le acompaña su amigo multiinstrumentista, Aaron MacDonald, y en la simplicidad del dúo, los temas suenan realmente bien (sin desmerecer a la base rítmica –Siebenberg y Thompson-, la música de Supertramp se sustentaba sobre cuerda y viento)
Pero noto un cambio notable. Roger ya no gimotea al cantar. Es más, sonríe abiertamente. Se le ve agradecido a la vida, a su familia, al público, y sobre todo, a la música.