

A la izquierda, el candidato Obama
A la derecha, Obama capturando un
rebote, ante la pasividad general,
mientras mira al fotógrafo y le grita
"¿Me has cogido?"
(Fotografías tomadas prestadas de Wikipedia)
Ahora en serio. Así lo afirmó Ignacio Ramonet en su charla en el Club Diario de Mallorca. Y cuando lo advierte todo un consultor de la ONU, el influyente director de Le Monde Diplomatique, uno no puede evitar sentir un escalofrío. Cierto que la propia esposa del candidato Obama ya ha expresado públicamente su temor, pero es fácil tender a pensar que se trata de un intento de reclamar todavía más simpatías, o de la típica crisis paranoica tan propia de los estadounidenses. Pero como bien recuerda Ramonet, EE.UU. tiene una amplia tradición en magnicidios, y el riesgo es real.
Obama no es Martin Luther King ni muchísimo menos, pero dentro de su discurso de cambio, hay originalidad y, lo más importante, propuestas concretas de ruptura frente a anteriores políticas. La más impactante, en política exterior, es la de mostrarse dispuesto a entablar conversaciones con todas las administraciones de países hostiles a EE.UU. (Irán, Siria, Venezuela, Cuba, etc.) El color de su piel no despierta recelos, pues Obama no es hijo de un negro americano, su padre es keniata, y el electorado blanco no percibe en él ningún tipo de revanchismo. Lo que puede descartarse es una alianza con Hillary Clinton, según los observadores, esta combinación de mujer y no blanco restaría apoyos entre los propios demócratas y facilitaría la victoria del candidato republicano, John McCain.
Pero, ¿por qué este especial interés hacia las próximas elecciones norteamericanas? Personalmente, pienso que a lo que va a tener que enfrentarse en próximo presidente, concierne a todo el mundo occidental. Creo que, si uno puede analizarlo de forma despersonalizada, se acercan tiempos muy interesantes. Van a pasar cosas.
Ramonet detecta que las señales del declive del imperio avanzan y se multiplican, y considera que así lo tendrán que asumir los presidentes venideros. Tras la pésima administración Bush, nos encontramos ante la primera gran crisis económica en un mundo globalizado. La economía estadounidense se muestra terriblemente desequilibrada, impropia para un liderazgo, con un dólar por los suelos, una inflación pujante, industrias que desaparecen, y fondos soberanos en manos de estados extranjeros (principalmente árabes, que si inicialmente insuflaron una inyección vigorizante a la economía, finalmente se han apoderado del control sobre industrias de gran poder estratégico) Ante este panorama, sólo cabe dejar el mercado y volver a la intervención del estado, mediante proteccionismos comerciales, con la consiguiente mediatización en el resto de la economía occidental. A todo esto, hay que añadir la situación en Irak y en Afganistán. Son guerras que se iniciaron sin ningún sentido de la estrategia, y, por tanto, tienen difícil solución.